Armando Villegas

(Del 26 Junio al 31 Julio, 2013)

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Sin título
47.5 x 39 cm. Mixta, óleo sobre lienzo
Sin título Mito y magia Personaje cubista Guerrero en azul bajo la luna Planos opuestos Saltimbanquis

La muestra está formada por alrededor de cincuenta obras de diverso formato, trabajadas en diversas técnicas. El óleo, el collage, la encáustica, entre otras, se conjugan para dar lugar a un conjunto de obras que resumen la producción artística de Villegas; desde una obra temprana fechada en 1974 y que anuncia ya este paralelo Abstracto/Figurativo hasta obras de la última década en las cuales los materiales de desecho aportan diversas texturas y plasticidad a la obra.

Esta muestra llega a Lima gracias al esfuerzo de Enlace Arte Contemporáneo y el auspicio de la Embajada de Perú en Colombia, convirtiéndose en una importante ocasión para el público peruano de apreciar una selección de obras de uno de los artistas peruanos de mayor trascendencia en el arte Latinoamericano contemporáneo y que expone después de una larga ausencia en nuestro país.

En narrador y poeta colombiano Gonzalo Márquez Cristo nos comenta sobre su obra: “En la selva visual que ha construido cuando realiza su figuración, es fácil advertir las cuidadosas texturas legadas por el ejercicio inicial del abstraccionismo, y claro, por ese tributo a sus raíces, cuando pareciera evocar los vestidos de las muñecas de la cultura Chancay o los trajes de las bailarinas de Ancash, que conoció en su infancia en Pomabamba, mientras verbalizaba el mundo en quechua, su lengua materna. Y si miramos con atención estos óleos de guerreros indefensos o sus sublimes peces fósiles, creemos estar ante una pintura tallada, o mejor, frente a una sutil escultura en lienzo, siendo víctimas de un artilugio singular (…) A mediados de los años ochenta regresó a lo no figurativo que le había abierto un mundo cósmico, pero esta vez con técnicas mixtas, y realizó collages sobre cartón o yute, integrando elementos cotidianos de esta sociedad de voracidad consumista, para terminar construyendo piezas con la inocencia que a comienzos del siglo XX, expresara el pintor suizo Paul Klee (…)Villegas sabe que si el hombre quiere sobrevivir en este planeta profano, necesita de una refundación de lo sagrado, y por eso su nostalgia chamánica es insaciable. Su obra no invoca un movimiento externo, sino algo mucho más complejo, el llamado del devenir, del roer de los segundos, y en las superficies lanceadas de sus óleos y en la elementalidad primigenia de sus fetiches, de apariencia milenaria, capta los pasos de ese felino invisible que llamamos tiempo.”

Hacia 1989, Gabriel García Márquez, gran amigo de Villegas, escribió sobre él: “Por eso recuerdo con tanta admiración, y con tanta gratitud, que hubiera tenido la modestia de permitirme que le inaugurara su primera exposición importante en Bogotá. Me quedé muy confundido, porque ambos estábamos rodeados de insignes inauguradores profesionales, que de veras habían visto la mejor pintura del mundo y tenían discursos escritos de antemano con citas en su idioma original clasificadas por orden alfabético para cada ocasión. A pesar de eso, pensé que el acto de valor civil de Armando Villegas merecía ser respondido con la misma sangre fría, y le contesté que sí. Aquella fue la única y la última exposición que presenté en mi vida y pensándolo bien, el único discurso que he pronunciado por mi propia voluntad. Delante de todos los pontífices de la ciudad tuve los riñones de decir: ‘Tengo la satisfactoria impresión de estar asistiendo al principio de una obra pictórica asombrosa’. Hice bien en decirlo, porque eso fue hace 25 años y ahora estoy disfrutando de la satisfactoria impresión de no haberme equivocado”.