Carlos Cruz-Diez

(Del 5 de Junio al 4 de Agosto, 2012)

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COLOR ADITIVO PANAM CÍRCULOS 5.
Cromografía sobre PVC. 2010. 4/8. 60 x 80 cm.
PHYSICHROMIE PANAM 65 COLOR ADITIVO TRIANGULAR DOS INDUCCIÓN CROMÁTICA A DOBLE FRECUENCIA NORA 1. COLOR ADITIVO PANAM CÍRCULOS 5. PHYSICHROMIE 1714 COLOR ADITIVO HILDA

El comportamiento del color es ambiguo y, además, es el producto de una circunstancia. Sin embargo, hemos conservado la noción milenaria de que es “una certeza”, de que es algo inmutable. Con absoluto convencimiento, opinamos que ese muro es blanco y esa mesa es roja. Es probable que si, pero, no es totalmente cierto. Lo que estamos aseverando es su genérico blanco, o rojo, no su comportamiento.

Cuando nos referimos al color en el arte, lo asociamos a una materia aplicada con una brocha sobre una tela. La manifestación del fenómeno cromático está sujeta a un sin número de imponderables y a múltiples eventualidades como la condición lumínica, la saturación, textura, materia, distancias, inmaterialidad, etc., condiciones éstas que hacen imposible reproducir de memoria el rojo o el blanco que hemos creído ver. Nuestra memoria no es capaz de recordar con exactitud los matices de un color.

De allí que el color sea sinónimo de ambigüedad y circunstancia, como, de cierta manera, lo es el ser humano. En consecuencia, el color se encuentra íntimamente asociado a nuestro afecto, al recuerdo, a nuestras querencias y, además, es lujurioso. No existe soporte lógico para amar o detestar un color. ¿Por qué me gusta ese azul… y no otro?

Desde los griegos hasta los filósofos del siglo XIX, el color ha sido “un acompañante de la expresión del arte”, nunca un protagonista de primera línea. Era más importante la escogencia del tema, el dibujo, la perspectiva o la composición. Por supuesto que hubo grandiosos coloristas como los pintores venecianos, pero no fue hasta Delacroix, los impresionistas, y los fauves, cuando el color empezó a adquirir otro nivel de importancia en la pintura.

Los criterios establecidos y el desinterés hacia el protagonismo del color en el arte, fueron motivo para emprender la aventura cromática que a través de los años, me llevó a encontrar otra información y otros disfrutes de ése fascinante elemento expresivo.

He buscado poner en evidencia que el color no necesita de la forma ni del soporte para materializarse y darnos su mensaje de afecto. He tratado de sacar el color del soporte plano de la pintura y llevarlo al espacio convirtiéndolo en un acontecimiento en continua transformación, desprovisto de anécdotas o simbologías. El color haciéndose y deshaciéndose ante nuestra mirada, en una situación que evoluciona en la medida de nuestro desplazamiento y que nos implica como autores de un hecho que tiene lugar en tiempo presente, sin pasado ni futuro.

Hacia otra noción de la pintura bidimensional

A través de los siglos, el “soporte estático” en la pintura, se ha considerado como un elemento inseparable de la expresión plástica.

Fue la solución imaginada por el hombre para detener el tiempo y dejar constancia de lo efímero de un instante. En consecuencia, la pintura sobre el plano pasó a ser sinónimo de permanencia y eternidad.

Los “Colores Aditivos ( 1959 ) y las “Inducciones Cromáticas” (1963) proponen otra solución que integra la noción de tiempo y espacio reales al “plano estático”. En estas obras se produce un acontecimiento cromático que evoluciona continuamente al paso del espectador y con el cambio de la luz, en abierta contradicción con la naturaleza y los cánones del espacio pictórico tradicional.

Obras planas y estáticas que evolucionan y se modifican en una dialéctica de espacio y tiempo entre el espectador y la obra, haciendo evidente la ambigüedad del color que se genera y evoluciona fuera del soporte pintado.

Trabajo al límite de la “visión normal”, no para generar “efectos”.

Intento poner en evidencia circunstancias inéditas, pero reales, de la visión, para establecer otra relación de conocimiento.

La línea no es un elemento estético, es el medio más eficaz que pude encontrar para multiplicar las zonas críticas de visión entre dos planos de color, con el objeto de generar nuevas e inestables gamas de color.

Cruz-Diez / París 2012