Carlos Bardales

(Del 17 de Octubre al 10 de Noviembre, 2012)

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HIEROFANTE
Mixta sobre tela, 250 x 250 cm., 2012
K´ANCHAYPACHA HIEROFANTE ROSA. ROCÍO MERCURIAL UMBRAL. RAÍZ DEL CIELO Y DE LA TIERRA EMBRIÓN DE ORO MIKAEL, THOTH, TEHUTI

CUZCO: HACIA UN NUEVO RENACIMIENTO

No hay duda de que estamos asistiendo a un poderoso renacimiento de las esenciales energías siempre latentes del Cuzco. Luego de un largo lapso de adormecimiento desorientador retornan las preguntas fundamentales y reaparecen lenta pero firmemente las respuestas que el hombre posee dentro de sí, y que esperaban para ser pronunciadas las llaves maestras contenidas en los símbolos y las palabras adecuadas. Varias veces en su venerable historia esas respuestas ellas brillaron, y luego se opacaron, para volver a relucir intensamente dejando atrás el estruendo del vacuo mundo de las volátiles apariencias. En este ir y venir de la aventura humana el arte ha jugado en el Cuzco un papel primordial gracias a su enorme capacidad para proyectar en el alma humana, a través de las formas, las sugerencias que son umbral de ingreso a lo más valioso de la actividad espiritual: la comprensión del sentido de la existencia. Ya los griegos habían razonado que de los cinco sentidos el de la vista era el del conocimiento. Por ella “ingresa” el mundo al interior del hombre, a su alma. Por ella, por la vista, desde que nace el hombre aprehende la forma, el volumen, el color, la distancia con respecto a los seres vivientes, las cosas y el universo. Pero en rigor lo que ingresa en el interior del hombre no es por cierto el mundo en sí mismo, sino su imagen. Y por ello reside en ella, en la imagen, en su dominio y trabajo meticuloso, la clave del arte. Y como consecuencia la responsabilidad y poder del artista. Y por ello es tan importante la acción de aquel arte que se aboca al rescate de las formas significantes, de las que tienen verdadero valor para el hombre, es decir, de aquellas que lo acercan a las respuestas que hoy, más que nunca, trata de reencontrar una humanidad que se halla contradictoriamente atascada entre un extraordinario avance tecnológico y una asombrosa pobreza espiritual. En el meollo de este esperanzador esfuerzo se sitúa la obra plástica de Carlos Bardales quien con notable energía e independencia se ha liberado de la pesada carga de nuestra época que tienta reiteradamente con su canto de sirena a los creadores a emplear lenguajes que interesan cada vez menos debido a su banalidad y patética carencia de sentido. Bardales, más bien, ha optado por transitar disciplinadamente por caminos que parecían abandonados y que, de pronto, se abren una vez más entregando aquella riqueza intelectual y poética que las viejas herencias han preservado. En efecto, en su obra apreciamos el uso de materiales tradicionales, la vinculación de elegantes formas modernas que recrean propuestas permanentes aunque hoy opacadas por la trivialidad, el audaz trabajo de un artista en busca de su propio lenguaje en un espacio interior en que confluyen diversos senderos –los caminos prehispánicos, las sugerencias renacentistas y barrocas, la herencia cabalística judía, las fusiones entre los aportes occidentales y los nativos, la Escuela Cuzqueña de Pintura, la tecnología actual puesta al servicio de la obra de arte- que constituyen un enorme patrimonio que felizmente está siendo revisado por una juventud que se ha rebelado, ¡al fin!, contra el marasmo y la sofocación cultural provocados por un positivismo ingenuo, elemental y empobrecedor. Los textos que acompañan habitualmente sus exposiciones son cabal evidencia de la manera de ser de un artista que busca cultivar su espíritu con obras de especial sutileza y profundidad, y que sustenta la expresión de sus formas en contenidos que se vinculan a importantes legados del pensamiento tanto de la antigüedad como del mundo contemporáneo. Hay que saludar efusivamente este persistente y original empeño artístico nacido en una ciudad y en una región que contienen los elementos esenciales para el hallazgo de lo trascendente. Siempre y cuando se la sepa comprender y escuchar.

Luis Enrique Tord Barranco (Lima) Verano de 2012