Michele Del Campo

(Del 14 de Noviembre al 2 de Diciembre, 2011)

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EL VIEJO BARCO
Óleo sobre tela, 80 x 130 cm.
EL VIEJO BARCO CEMENTERIO DE COCHES EL DESCENSO EL PASO LA PELEA LOS RESTOS

Michele del Campo ha pintado la desazón de la juventud europea atravesando con su pincel la violenta pared que separa a los suburbios londinenses de las fotografías con las que los turistas sueñan. Europa, para el artista italiano, es lo que dicen los analistas financieros y nadie entiende: un territorio que perdió la brújula, en el que sobran las preguntas y no las respuestas, un lugar donde el futuro se torna amargo y, sin duda, indescifrable. “Al otro lado”, el cuadro que abre esta nota, concentra el espíritu de “Viaje de no retorno”, la muestra que el artista expone en la galería Enlace de San Isidro. En este, dos jóvenes se enfrentan mientras sus compañeros reposan, indolentes. Alrededor suyo, la ciudad se parte en dos: en un lado, el paisaje es controlado por los grafitis y un carro destartalado; en el otro, varios edificios enormes parecen brillar en el cielo. Es la lucha de lo moderno con los restos que dejó la modernidad. No hay paso atrás: único válido es dejarse ir. “La muestra habla del sentimiento de pérdida y desplomo que mucha juventud siente hoy cuando no entra en la sociedad o se siente fuera de ella. El joven quiere seguir las modas y rinde culto a la imagen que le transmiten los medios, pero no llega a cumplir sus metas; entonces, se deja ir”, explica Del Campo. el símbolo de la desolación Autodefinido como un hijo de la tradición realista italiana, Michele del Campo combina en sus pinturas la crudeza y frialdad del fotorrealismo con la evocación simbólica de la desolación. En uno de sus cuadros principales –titulado “Camino a la oscuridad”– se observa una bella mujer rubia que, desnuda, camina sobre los rieles de un tren hacia un túnel. En “El paso” (izquierda), otra fémina se adentra en un mar verdoso, buscando la muerte bajo un manto de extrema serenidad. Aquí, la distancia entre el espectador y la obra se rompe –ese es, precisamente, uno de los objetivos de Del Campo– y lo que queda es, pues, el internamiento del primero en un universo lleno de metáforas y, a la vez, doloroso. Una forma de comprender la gloria como algo que jamás alcanzarán. En las obras del artista italiano, ningún elemento queda fuera de lugar: desde los perros que huelen los escombros de una ciudad destruida por las grandes industrias hasta los personajes que parecen secundarios pero que en realidad expresan toda la rabia que se desata con la rebeldía hacia un mundo que ya les dio la espalda.